Cuando
hablamos de educación es importante incorporar dentro de este tema la
evaluación, y no simplemente vista como un examen, sino como parámetros que
debemos cubrir o como actualmente se dice competencias
que debemos desarrollar y fortalecer. Estas competencias sirven como
estándares para medir no sólo conocimientos y habilidades, sino también
actitudes y aptitudes. Es por esto que las evaluaciones no corresponden sólo
para aplicarse únicamente en el papel y a los alumnos, es importante conocer el
nivel de los docentes en México para poder hablar de una educación de calidad.
De
esta manera, el trabajo de crear una institución que apoye de manera técnica a
la evaluación docente (INEE) es un buen primer paso para avanzar en lo que
realmente importa: “una educación de calidad”. No obstante, es un pequeño paso,
y falta mucho por trabajar si decidimos tomar este rumbo, es un camino largo
que nos llevará a pruebas de ensayo y error; una vez que las pruebas son
aplicadas quedan aún espacios vacíos, incertidumbres, por parámetros que no se
cubren dentro de una evaluación que es prácticamente interactiva y digital,
pero no física ni moralmente.
Sin
embargo no se puede negar que en los últimos 10 años se ha avanzado, no de
manera importante como menciona el plan de desarrollo, pero si progresivamente.
Esto debido a que la prueba ENLACE demostró ciertos logros en las áreas de
español, matemáticas, ciencias naturales y ciencias sociales; así también se ha
participado en las pruebas PISA que son proyectos con parámetros internacionales.
Sin
embargo hablamos de que visto de manera realista y analítica las pruebas nos
arrojan resultados crudos y amargos, desde el punto de vista de la inversión
que hace México a nivel internacional exclusivamente para el ámbito educativo y
ahí los resultados no son favorables.
Por
lo tanto es menester complementar las evaluaciones con herramientas y muchos
más instrumentos de medición, ya que no estamos hablando de calidad en un
producto inerte, estático, con fórmulas para desarrollarlo; estamos hablando de
personas, seres humanos conscientes y pensantes que desarrollan distintas
personalidades y cualidades, que se vuelven fortalezas o debilidades a lo largo
de su carrera profesional y, sobre todo, a lo largo de su vida.
Es
por esto que las evaluaciones tienen que ser bien planeadas por los mejores
profesionistas maestros o docentes, no sólo por activistas y agremiados del
sistema político.
No me mal entiendan, estoy totalmente a favor de la evaluación docente, pero pienso
que para poder evaluar eficientemente a las personas que ejercen la noble labor
de enseñar y educar a los jóvenes y niños de hoy, primero se debería hacer un
filtro sobre los que están en la punta de la pirámide; no se puede empezar a
depurar el sistema empezando desde abajo, las evaluaciones tiene que venir
desde arriba: El secretario de Educación, el presidente de los sindicatos, las
114 direcciones que maneja la SEP, digamos al mismo presidente, etcétera.
A
modo de conclusión podría decir que según la escala jerárquica del sistema
educativo, debería ser la evaluación y posterior depuración de las
instituciones, dejando como últimos niveles a los maestros y alumnos que son en
quienes repercuten las decisiones tomadas por los sindicatos y secretarías,
quienes no saben nada de la situación en las aulas (o si lo saben, no les
interesa).
Dicho
de otro modo: un sistema corrupto y sin competencias éticas y profesionales,
con inconsistencias en cuanto a su labor para innovar, y que deja mucho que
desear en la práctica, no es el indicado para evaluar y sancionar a otro nivel
inferior, puesto que los vicios en el círculo de corrupción continúan
repitiéndose constantemente, es por esto que siento que el seguir con las
evaluaciones planteadas dentro del Instituto Nacional para la Evaluación de la
Educación (INNE) que sólo se aplica a docentes en campo de trabajo y directores
de escuelas, no es más que un paso lento y un camino muy largo.
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